“Mírate, apenas te reconozco.
Esos no son los ojos que tenías antes. Hasta tu cara no es la misma. No se si
ha cambiado en sentido literal o solo yo puedo distinguir que no es la misma. ¿No me vas a decir nada? Solo estamos tú y yo.
Solos. Sabes que conmigo no te funcionarán tus excusas. No puedes mentirme
como al resto. Esa falsa sonrisa no me calma, bórrala de tu cara. Ya no soy
capaz de sentir muchas cosas gracias a ti. Un caramelo me resulta agridulce
contigo. Ya es tarde para pedir perdón. Es tarde para llantos. Deja de incumplir
las promesas que me has hecho y por una vez se tu mismo. Pero, para eso, me tienes que dejar salir.”
Miró su reloj un instante y se dio
cuenta que llegaba tarde al trabajo. Levantó la cabeza al espejo una vez más antes
de salir, y volvió a ver aquellos ojos, apagó las luces y se marchó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario